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El enigma de la doble autoría (sobre "Escribir en colaboración. Historias de dúos de escritores" de Michel Lafon y Benoît Peeters)
Por: Susana Rosano
Fecha: 24/01/2009

Escribir en colaboración, de Michel Lafon y Benoit Peeters, investiga en las historias de la escritura a dúo y permite abrir múltiples perspectivas artísticas.
La Biblia, Las mil y una noches, Don Giovanni, El conde de Montecristo, el Manifiesto del Partido Comunista, La isla del tesoro, Los campos magnéticos, Asterix, El Antiedipo, Un sombrero de paja de Italia, Fantomas, Las cartas de mi molino. Estos son sólo algunas de las obras que marcaron una época y que de una u otra manera, y a partir de formas diversas, fueron realizadas en colaboración. Es decir: cuya autoría corresponde a más de una persona, aunque como dijera Le Bruyere en su momento, "el genio sólo se declina en singular", y la crítica se ha encargado muchas veces de borrar las huellas de esta escritura múltiple. Escribir en colaboración. Historias de dúos de escritores, de Michel Lafon & Benoît Peeters, de Beatriz Viterbo Editora, es en este sentido una deliciosa investigación que se adentra en un tema muy pocas veces explorado y además poco comprendido: el de la elaboración en plural.
La ideología del yo parece haber impuesto su victoria en el ámbito de la cultura, donde la norma sigue siendo la del autor único. Y esto paradójicamente en un momento en donde muchos campos como el de la investigación científica, audiovisual, Internet, e incluso en el mundo editorial, la elaboración plural es la regla y se torna un argumento publicitario. "Si Scott Fitzgerald, Umberto Eco y Dan Brown se hubieran reunido para escribir una novela, habrían escrito La regla del cuatro", dice la contratapa de un reciente best-séller esotérico. Sin embargo, sostienen Lafon y Peeters en el prólogo del libro, esta proliferación reciente de elaboración plural no desalienta las bromas, los malos entendidos y los desconocimientos que subyacen a los fenómenos de la autoría múltiple. En general, los críticos e historiadores de la cultura parecen no tener mucho que decir sobre el tema, como si este simplemente no existiera. Y los editores se suman a esta "conspiración del silencio". Por ejemplo, durante mucho tiempo fue imposible leer en una versión completa Par les champs et par les greves, de Maxime Du Camp y Gustave Flaubert. En el libro sólo figuraban los capítulos que habían sido escritos por Flaubert, sin que a los editores les importara haber mutilado el proyecto mismo de la obra. Por otro lado, y más allá de los datos absolutamente fehacientes que testimonian la doble autoría de Alejandro Dumas y Auguste Maquet en las novelas Los tres Mosqueteros y Veinte años después, los editores se obstinaron en hacer desaparecer de las tapas de los libros el nombre de Maquet.
La insistencia en borrar las huellas de los colaboradores intelectuales de una obra o un proyecto ha sido tal que produce más de una sorpresa, como en el caso de Pierre Bourdieu, tal vez el ejemplo más acabado de pensador intelectual colectivo que, una vez llegado a la fama intelectual y en un gesto sin dudas autoritario, borra de la lista de sus obras los nombres de sus coautores.
El reciente libro de Beatriz Viterbo se basa en una extensa investigación que llevó aproximadamente quince años y que permite abrir innumerables perspectivas literarias y artísticas, pero también jurídicas, psicológicas y políticas al enigma de la doble autoría. Al entender de sus autores, esta "concierne a la infancia y a los juegos, a los placeres de la invención en voz alta, a las historias de familia, de amor y de amistad, a los sueños de comunión y a las realidades de la división del trabajo, al dinero y a la vanidad, a los dramas de las rupturas y las herencias".
Escribir en colaboración se detiene minuciosamente en diecisiete casos que, aunque (como afirman los autores) no pretenden la exhaustividad, sin embargo revelan alguna particularidad de la escritura en colaboración, y ponen el acento en las prácticas y métodos de trabajo. De esta manera, se pasa desde la fusión extrema y absoluta de los hermanos Edmond y Jules de Goncourt a configuraciones mucho más puntuales, como la invención de Bustos Domecq por Jorge Luis Borges y y Adolfo Bioy Casares. Existen también en el libro casos de guiones tramposos, como los que pergeñaron en el siglo XIX el profesor Jean-Jacques Erckmann y el adolescente Gratien Chatrian, y casos límite como el de Julio Verne y su editor Hetzel. Y aunque la figura más frecuente es la de escritores de ficción a cuatro manos, sin embargo se encuentran en el libro casos de poetas, dramaturgos, filósofos, entre los cuales se incluye el de la cuasi hermandad intelectual entre Marx y Engels y el del fracasado intento de "comunismo intelectual" del fundador del psicoanálisis, Sigmund Freud.

Viajes en direcciones opuestas
Como dos viajes en direcciones opuestas se pueden leer los dos capítulos dedicados a la experiencia de Gustave Flaubert y Maxime du Camp ("La aglomeración de dos mónadas") y el de Carol Dunlop y Julio Cortázar ("El último viaje de la osita y el lobo"). Ambos conjugan viaje y escritura. El primero se puede leer como un viaje de iniciación, henchido de futuro, y coincide con el inicio despreocupado de la carrera de un escritor imprescindible, Gustave Flaubert. El segundo es el monumento funerario casi desesperado que Julio Cortázar erige ante la muerte de su mujer, y que se convertirá también en su último viaje.
Durante 1844, Gustave Flaubert sufre una serie de crisis nerviosas por las cuales el doctor Cloquet le aconseja como distracción un viaje por la Bretaña. Maxime du Camp, su amigo inseparable, será su compañero de ruta. El viaje se vuelve para estos "incipientes Bouvard y Pecuchet" indisociable de un proyecto bien preciso: escribir a dúo el diario de esta expedición al oeste de Francia. El procedimiento que eligen es el de la escritura de capítulos alternos y las consecuencias para la historia literaria son infinitas. Para Flaubert, el texto que resulta de este experimento, que llevará por título Par les champs et par les greves es, en sus propias palabras, "la primera cosa que haya escrito penosamente". A partir precisamente de la reescritura de este texto, la crítica coincide en afirmar que Flaubert, el viajero, comienza su transformación en escritor. En su caso, y como apuntan Lafon y Peeters, el viaje a Bretaña le permite "experimentar concretamente los límites de la colaboración, como una etapa a superar, a olvidar, para volverse poco a poco él mismo".
Muy diferente es la experiencia de escritura en común que llevan a cabo Julio Cortázar y su esposa canadiense Carol Dunlop, que encarnan la configuración marido-mujer. Esta tiene una larga genealogía en los dúos literarios que incluye a la pareja formada por Robert Louis Stevenson y Fanny, autores a cuatro manos de una parte de las Nuevas mil y una noches. En lo que Lafon y Peeters denominan "una erótica de la escritura en colaboración", Cortázar y Dunlop emprenderán desde el 23 de mayo al 23 de junio de 1982 un viaje por la autopista París-Marsella que conjugará juego y escritura y dará como resultado Los astronautas de la cosmopista, escrita a medias entre el castellano y el francés, y que ante la muerte de Dunlop, Cortazar terminará de editar solo un par de meses antes de su propia muerte. Los autores sintentizan en pocas palabras el sentido de esta escritura a cuatro manos: "la colaboración, pensada como una apoteosis de la fusión amorosa, era también una manera de luchar juntos contra la muerte".

Un nosotros extraño
Publicado en 1920 con una tirada de tan sólo trescientos ejemplares y reeditado recién en 1967, Les Champs magnetiques, de André Breton y Philippe Soupault, es no obstante el acto fundador del surrealismo y se considera uno de los textos más influyentes del siglo XX. Es también un intento cabal y radical por investir a la escritura a dúo de las características del inconsciente. Sin embargo, en el capítulo 10, que lleva por título "El hombre cortado en dos", Lafon y Peeters marcan una contradicción bien interesante con respecto a este libro: si bien una de sus premisas fue fundir dos escrituras de una manera indisociable, con la idea de dinamitar para siempre la categoría de autor, el libro tiene desde el principio un desequilibrio que sobreimprime la omnisciente voz de André Breton por encima de la de Philippe Soupault, a quien se denomina el arquetipo del "colaborador débil".
Bien distinto es el caso de Marx y Engels, cuyos nombres se leen a esta altura de las circunstancias como la marca de un producto. Un poco como sucederá después en el caso de Gilles Deleuze y Félix Guattari, esta voluntad de pensar y de escribir juntos, de confrontar experiencias (más teóricas en Marx, más prácticas en Engels) "permite a los dos autores superar el sujeto individual y romper con un viejo orden del mundo". Engels es un extraño caso en la historia intelectual contemporánea y sigue dando pruebas en toda su relación con Marx de un desinterés y una ausencia de ego bastante excepcionales. O en palabras de su biógrafo Jacques Attali, "Engels renuncia a ser un escritor entre otros para financiar a uno que sabe único".
Sin embargo, los autores de Escribir en colaboración leen una fisura, un riesgo impredecible pero dañino, aunque posiblemente no intencional, en esta omnímoda fidelidad de Engels hacia Marx: el marxismo no vino al mundo como un producto auténtico del pensamiento de Marx sino como fruto del espíritu de Engels, que ante la muerte de su amigo se convierte en el "guardián y continuador" de su teoría. "Este incansable elogio a un cómplice, acompañado de una simplificación de sus escritos, abrió el camino a una desnaturalización más dramática: la que, bajo la extraña denominación de 'marxismo-leninismo', transformaría la obra de Marx en uno de los catecismos más siniestros de la historia", sostienen Lafon y Peeters.
En prefacios y entrevistas, Gilles Deleuze y Félix Guattari explican incansablemente que sus obras no podrían haber sido escritas sino a dúo. Las trayectorias de ambos son comparables en ciertos aspectos a los itinerarios respectivos de Marx y Engels. En los dos casos, el primero viene de un campo enteramente filosófico y el segundo está ligado a una experiencia más concreta, al mundo obrero en el caso de Engels y a la psiquiatría, en el de Guattari. En ambos también una investigación filosófica se alía a una práctica para conducir a la emergencia de una nueva reflexión y de una nueva escritura.
Y serán Deleuze y Guattari los que llevarán a la escritura en colaboración a la dignidad de un concepto filosófico. En ¿Qué es la filosofía?, plantean que esta se define de entrada como el arte de inventar conceptos. Y el primer concepto, el que marca el principio de la filosofía, es el de Amigo. "¿Y el amigo no reintroducirá, incluso en el pensamiento, una relación vital con el Otro que se había querido excluir del pensamiento puro? ", se preguntan a dúo. Una pregunta que potencia al enigma planteado en el delicioso libro de Michel Lafon y Benoît Peeters.

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